La actual situación de Siria tras 10 años de guerra civil

Margarita Arredondas y Alba Sanz

El pasado 15 de marzo se cumplió una década del estallido de la guerra de Siria, conflicto que sigue latente y revela la dificultad de llegar a una solución.

Siria sigue viviendo una situación alarmante a nivel humano, económico y político. Lo que comenzó como una revolución contra el gobierno chiita de Bachar Al-Assad se ha convertido en un enfrentamiento civil que ha adquirido el nivel de conflicto internacional por las múltiples intervenciones llevadas a cabo por distintos países extranjeros.

Diez años después del comienzo de la guerra, Siria hace frente a un gran problema común que ha superado con creces a los bombardeos o al uso de armamento químico en el conflicto: el hambre. Según la ONG Acción Contra el Hambre, tres de cada cuatro sirios, lo que equivaldría a 13,4 millones de personas, necesitarían ayuda humanitaria urgente. La guerra económica que ahora enfrenta el pueblo sirio viene marcada por una caída de la Libra Siria a mínimos históricos, devaluándose casi en un 99% de su valor total.

Junto a esta problemática, una reciente comisión de investigación del Consejo de Derechos Humanos de la ONU enviada a Siria reveló el “aumento de la violencia sexual y de género contra mujeres y niñas” durante el primer semestre de 2020. Según el informe, al menos 30 mujeres de la ciudad kurda de Tal Abyad habían sido violadas solo en el mes de febrero. Las fuentes apuntan que estas mujeres han sufrido esta violencia sexual por parte de las milicias turcas, milicias que se han criticado a nivel internacional por tener en sus líneas antiguos terroristas del Daesh.

El papel de Turquía ha sido fundamental en la trayectoria de la contienda. La primera intervención militar turca en Siria se produjo en 2016. En la operación, sus esfuerzos se dirigieron a combatir contra las fuerzas del Daesh situadas al norte de la provincia de Alepo. Sin embargo, el Daesh no fue el único enemigo que Turquía quiso contender. El país otomano también tenía como objetivo evitar el avance de las milicias kurdo sirias pertenecientes a las YPG y a las YPJ y relacionadas con el PKK, considerado una organización terrorista por Ankara, Bruselas y Washington.

DELIL SOULEIMAN / AFP

En la actualidad, y según el primer ministro del Kurdistán iraquí Masrour Banzani, a pesar la pérdida territorial y humana que sufrieron los yihadistas con la liberación de Kobane, el Daesh sigue activo y ha logrado acumular una mayor experiencia, reclutando a más personas a sus filas. El grupo terrorista todavía cuenta con unos 20.000 combatientes en Irak y Siria. Los motivos de este resurgimiento siguen siendo los mismos que permitieron su levantamiento en el 2014: El caos que sigue reinando en Siria y la incapacidad de los gobernantes para resolver la crisis económica, la corrupción y la mala gobernanza.

Actualmente, Al-Asad cuenta con el apoyo directo de Irán y Rusia. De hecho, el apoyo ruso realizado en 2015 provocó un giro de 180 grados en el transcurso de la contienda. Las intervenciones rusas realizadas a través de un amplio apoyo aéreo por parte de cazas rusos, evitaron la toma de Damasco y permitieron que el Ejército Regular Sirio recuperase el 70% del territorio nacional.

Ante este panorama, son diversos los actores involucrados a día de hoy en el conflicto. Mientras que la mayor parte del país se encuentra bajo dominio del régimen chiita, aún existen diversos bastiones rebeldes en el norte de Siria que se disputan territorio contra los kurdos. A esto hay que sumarle el control que sigue dominando por parte de la organización yihadista Hayat Tahri al-Sham (HTS), en la provincia de Idlib.

Según el secretario general de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, “Los sirios han soportado algunos de los mayores crímenes que el mundo ha presenciado en este siglo. Los autores deben rendir cuentas si se quiere que haya una paz sostenible en Siria”. Estas declaraciones se enmarcan en un contexto bélico en el que, según Naciones Unidas, ha costado la vida a más de 380.000 personas y ha provocado el exilio de 5,6 millones, siendo esta la cifra más alta de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial.

Por otra parte, los niños han sufrido las consecuencias más importantes de la guerra Siria. Según datos ofrecidos por UNICEF, más de 900 niños han muerto o resultado heridos en el conflicto y cerca de 5.000 fueron reclutados para luchar como niños soldado.

Esta situación humanitaria tan crítica sigue sin provocar una reacción acorde a nivel internacional enfocada en dar una solución al conflicto. La vía diplomática durante estos 10 años ha evidenciado el fracaso de los Estados por ponerse de acuerdo, influenciados por los grandes intereses tanto económicos como políticos que mantienen en la zona.

No obstante, últimamente se han llevado a cabo negociaciones para intentar establecer la paz en Siria. En 2019 Naciones Unidas creó el Comité Constitucional sirio para la paz. Este comité esta constituido por 150 miembros, representantes del Gobierno sirio y de la oposición, además de figuras independientes designadas por la ONU. El 30 de octubre de 2019 se empezaron a llevar a cabo las conversaciones en Ginebra. En esta primera reunión se encontraban Ahmad Kuzbari, representante del gobierno sirio y Hadi Albahra, de la oposición.

El hecho de que están aquí hoy sentados juntos, cara a cara, listos para iniciar el dialogo y las negociaciones es una señal poderosa de esperanza para los sirios de todas partes, tanto dentro como fuera del país

Geir Pedersen, enviado especial de la ONU para Siria.
FABRICE COFFRINI / AFP

La siguiente ronda de negociaciones llegó 9 meses después, debido a las restricciones causadas por la pandemia del coronavirus. Pedersen aseguró que ambos bandos habían encontrado “varias áreas de puntos en común” pero que siguen las diferencias y desacuerdos. El enviado especial de la ONU para Siria también hizo un llamamiento a Turquía y Rusia para contener todos los incidentes que puedan crear una escalada de tensión y violencia y los instó a continuar cooperando para mantener la frágil calma en la zona. Pedersen ha considerado clave el compromiso de otros países con influencia en la región para buscar apoyo internacional. Por este motivo el diplomático se ha reunido con autoridades de Turquía, Rusia, Egipto, Irán y Arabia Saudí. No obstante, siempre ha insistido en que debiesen ser los propios sirios quienes deben decidir y crear su futuro.

En noviembre de 2020, casi un año después de la creación del comité, se llevó a cabo otra ronda de negociaciones. Esta vez se abordó la necesidad de revisar y modificar la Constitución siria, un punto de la Resolución 2254 de Naciones Unidas aprobada en 2015 pero que todavía no se ha cumplido. La oposición siria no cree que esta modificación ocurra pronto, ya que considera que el presidente

Bachar Al-Asad quiere alargar el proceso mientras consolida su avance militar. Pedersen, por el contrario guardaba esperanzas de sentar las bases de la nueva Constitución a principios de 2021. Esas ideas se vieron frustradas poco meses después. “No se puede continuar así, esta semana ha sido una decepción”, admitió Pedersen a los medios después de unas reuniones el pasado enero. Las negociaciones para redactar una nueva Constitución habían fracasado. Según el diplomático, la delegación que entorpeció más estas conversaciones con obstáculos y rechazos es la que representa al gobierno de Al-Assad. “Este no es un comité de debate, podemos seguir debatiendo durante toda la vida, pero lo que necesitamos es encontrar los puntos en común”, añadió Pedersen. Además, ha asegurado que pronto viajará a Damasco para entrevistarse con el gobierno. La oposición también criticó la postura de los representantes gubernamentales. “Cientos de miles de desplazados y refugiados han estado en campamentos durante más de 10 años. Creemos que los sirios merecen justicia y dignidad, y la única solución es implementar las resoluciones internacionales”, afirmó Hadi Albahra. Albahra hizo referencia al éxodo de refugiados sirios, el mayor desplazamiento causado por un conflicto desde la Segunda Guerra Mundial. Respecto a la resolución, se refiere a la Resolución 2254 de la ONU, veredicto que desde su punto de vista no respeta el Gobierno sirio.

Mientras la ONU y algunos políticos sirios se ocupan de las negociaciones hay quienes aprovechan el caos actual en el país para intentar anexionarse territorios o ganar influencia. Desde hace años Ankara intenta conquistar territorios al norte de Siria, bombardeando regiones kurdas. Erdogan cuenta con dos objetivos claros: aniquilar a los kurdos y expandir sus territorios. Por otra parte se encuentra Irán, que mediante milicias chiítas como Hezbollah brinda su apoyo a Bachar Al-Assad y gana influencia en la zona. La relevancia cada vez mayor de esta organización libanesa en territorio sirio ha llevado a Israel a participar también en este complejo conflicto. “Israel libra su propia campaña militar encubierta en medio de la guerra con el objetivo de desbaratar las acciones de Irán en Siria”, precisa Ayman Mansour, investigador del Instituto de Estrategia y Seguridad de Jerusalén. Por este motivo Siria ha sufrido también ataques de misiles desde Israel dirigidos a posiciones iraníes. Tel Aviv quiere expulsar a las milicias controladas por Irán de Siria para “asegurar su territorio”. Esto le ha llevado a reunirse con Rusia y otros países para buscar medidas que logren la retirada de estas tropas. “Estamos dispuestos a intentar buscar junto a Rusia y otros estados una solución al problema de la presencia de Irán en Siria”, declaró el ministro de Exteriores israelí, Gabi Ashkenazi, en Moscú. “No permitiremos a Irán que utilice Siria para atacarnos y haremos todo lo necesario para garantizar nuestra seguridad”, añadió.

LEFTERIS PITARAKIS / AP

La situación en Siria, lejos de mejorar, parece que se mantendrá en su estado durante más tiempo. Son muchos los actores que juegan en este ajedrez que tiene como tablero el territorio sirio y como peones a los millones de civiles que han sufrido la guerra durante esta larga década. Personas que todavía hoy escuchan bombardeos que recuerdan a las peores etapas de la guerra. Ciudadanos que ya han huido del país y que ahora se encuentran en precarios campamentos en Turquía, Grecia o Jordania. Otros quizá han tenido más suerte y han logrado llegar a Alemania, Reino Unido o Francia, posiblemente soportando la xenofobia cada vez más frecuente en el viejo continente. Ciudadanos que saben que el retorno a su hogar es casi imposible, y viendo como su país se despedace mientras otros estados se aprovechan para ganar influencia.

KHARDOUTLI / DPA

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