El conflicto Taxi-VTC: dos respuestas a través de los ejemplos de Francia y España.

La entrada de VTC (Vehículos de Transporte con Conductor) en el mercado de la movilidad fue muy bien recibida por parte de los usuarios, pero no por los taxistas, quienes desde entonces se han movilizado contra este nuevo actor, por haber visto reducir su clientela a causa de lo que consideran competencia desleal.

Si bien la competencia es un factor que está ahí, de manera general lo que exigen desde TAXI es que cada uno cubra y ofrezca el servicio que le corresponde, evitando así, una competencia desleal e intrusiva como consideran se está dando.”

Este malestar lo hemos visto materializado en actos vandálicos, generalmente desde los taxistas hacia sus principales competidores, los conductores de VTC y sus vehículos, como así se ha denunciado en ciudades de todo el mundo. ¿Es, entonces, el problema que TAXI no acepta la modernización de su profesión y competencia dentro de su mercado?

Si bien la competencia es un factor que está ahí, de manera general lo que exigen desde TAXI es que cada uno cubra y ofrezca el servicio que le corresponde, evitando así, una competencia desleal e intrusiva como consideran se está dando. Teóricamente, las competencias de cada uno están bien definidas y separadas; por ejemplo, los conductores de VTC no pueden aparcar ni captar en la vía pública y deben pactar la tarifa antes del viaje. Sin embargo, estos obstáculos, que en otros tiempos reducían el impacto sobre la activad taxista, están fácilmente superados por la evolución tecnológica. De esta manera, la problemática gira en torno a un problema con la regulación. No podemos hablar de competencia si no juegan bajo las mismas condiciones.

En esta línea van los argumentos de actores implicados en la negociación y resolución de este conflicto, como es Emilio Domínguez, secretario técnico de Fedetaxi, que considera que el trasfondo de la denominada ‘guerra del taxi’ por los medios españoles, es que VTC ha entrado como “un servicio desreglado en un mercado fuertemente regulado”.

En España, los taxistas no pueden jugar con los precios de sus servicios, sino que están fuertemente regulados. De esta manera, la entrada de VTC junto a la aprobación en 2009 de la Ley Omnibus, deja al sector del taxi en una situación de clara desventaja, pues a los segundos sí se les permite modificar sus precios ajustándolos según sea la oferta y la demanda. En el caso de Francia ocurre lo mismo; la ley de modernización del turismo de 2009 acabó con el monopolio taxista vigente desde 1937. El sector del taxi está sobre regulado, mientras que las VTC han entrado como competidores a su mercado, también con libertad para fijar los precios. Además, actores como Uber burlaron la ley para utilizar a su favor un estatuto especial, el de LOTI (Ley Orientación de los Transportes Interiores), con menos restricciones pero con la condición de conducir a un mínimo de dos personas. La escasez de controles provocó a la vez la multiplicación de los chóferes así como una caída de los precios a un nivel insostenible para la competencia. Según el informe del Observatorio Nacional de los Transportes Públicos Particulares de Personas (T3P) de enero de 2020, el número de taxi quedaba casi estable desde 2009, el número de VTC, fue multiplicado por dos entre 2012 y 2016 ganando cada vez más cuotas de mercado a los taxistas.

Entrevista a un taxista de Madrid

Por otra parte, el lanzamiento de la plataforma UberPop que permitió a los particulares realizar trayectos remunerados fue considerado como una “competencia salvaje”. Fue la gota que colmó el vaso. En junio de 2015 los taxistas empezaron una huelga, France Info y Europe 1 relataron el 25 de junio varios incidentes contra vehículos así como agresiones contra conductores VTC.

Volviendo al caso español y siguiendo con la postura del secretario de Fedetaxi, a lo que habría que tender no es a una liberalización total del mercado de la movilidad, sino más bien a una acotación clara y precisa de las competencias de cada uno, la implantación de zonas restringidas para el taxi o un acercamiento en los niveles de exigencia para ambos. Pero, de manera más urgente, “establecer un sistema de compensación de los nuevos operadores a los tradicionales internalizando los costes de transición a la nueva proporción entre taxis y VTC que ha pasado en lo real del conocido 30/1 a un 10/1 por responsabilidad de las administraciones públicas; dar opción a flexibilizar las tarifas de los taxi en los servicios precontratados y promover el taxi compartido establecer una fiscalidad justa por parte de las plataformas digitales e impedir la precarización, también llamada -significativamente- “uberización” de las condiciones de trabajo de los chóferes de las VTC, que los aleje del modelo de Deliveroo o Uber para devolverlos al trabajo asalariado. Todo ello unido a un proceso de digitalización de las Administraciones Públicas, que deben culminar para controlar con eficacia los mercados digitales, predicando así con el ejemplo”.

En Francia, el diputado Laurent Grandguillaume, fue el encargado de iniciar la mediación, a pesar de la cual, varias plataformas continuaron doblegando la ley, lo que obligó el gobierno a iniciar un proceso legislativo para regular la competencia entre los diferentes actores. Durante este, uno de los principales obstáculos fueron los lobbies y el uso de medios de comunicación. Cabe destacar que al finalizar el proceso legislativo, la ley del 29 de diciembre de 2016, o loi Grandguillaume, “relative à la régulation, à la responsabilisation et à la simplification dans le secteur du transport public particulier de personnes” fue aprobada por unanimidad, algo poco común en un sistema político que en aquel entonces era aún muy bipartidista.

Además de zanjar el conflicto entre los conductores y las plataformas, la ley se dotó de un instrumento para vigilar la evolución de la situación y prevenir futuros conflictos con la creación de un Observatorio Nacional de los Transportes Públicos Particulares de Personas. Este órgano publica informes que permiten poner datos precisos donde antes reinaba una niebla de guerra. Liberados de los conflictos sobre las cifras del sector, los diferentes actores pueden ahora centrar sus fuerzas en la resolución de los problemas que podrían surgir en el futuro.

En España, con el fallo del Tribunal Supremo en 2018, se sembró un ápice de esperanza para el fin de esta guerra en el lado de los taxistas, pues admitió que TAXI es un “servicio de interés general” y no contempló la opción de que su servicio estuviera sometido a la libre competencia, sino más bien de ofrecer un servicio regulado a los usuarios. Pero unos meses más tarde, esta esperanza desapareció con la aprobación del Real Decreto de Ábalos, por la que se indemnizaría a las VTC con una concesión de entre cuatro y seis años de adaptación a una nueva regulación con la que, a partir de 2022, no podrán hacer trayectos urbanos. ¿Cuál es el problema de este Real Decreto? Que las comunidades y ayuntamiento tienen la competencia y posibilidad de poder autorizar a las VTC a seguir trabajando con trayectos urbanos. Al contrario de un país de tradición centralista como Francia, la solución al conflicto podrá ser distinta en función de las relaciones de fuerza entre los actores a nivel local. Por ejemplo en la Comunidad de Madrid, Angel Garrido, consejero de Transportes, Movilidad e Infraestrcturas, ya ha anunciado que las VTC estarán autorizadas a hacer trayectos urbanos.

Los cambios generados en el mundo del transporte fueron tan importantes que le dieron luz a la expresión de “uberización” de los servicios, para designar las consecuencias de la llegada de actores numéricos en un mercado. La cohabitación entre Taxis y VTC no está siendo fácil pero la presencia de estos nuevos actores se normaliza cada vez más. En 2017, la palabra entró en fundéuRAE a la vez que en el diccionario francés Le Petit Larousse. El cambio en el transporte de personas tiene también una dimensión generacional, el estudio de las búsquedas de las palabras “taxi”, “uber” y “VTC” demuestran en Francia, el “sorpasso” de la palabra “uber” sobre la de “taxi”, una tendencia que no encontramos aún en España. Es difícil decir si estamos viviendo el ocaso de la profesión de taxi pero una competencia justa entre ellos y los VTC será imprescindible para evitar nuevos conflictos.

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